La sutileza del humor inglés según Kate Wilson

Lucía Corominas es una exquisita dibujante rosarina que reside, actualmente, en Cura Brochero -Traslasierra, Córdoba. Como sabe muy bien que el mundo de la ilustración “me puede y mucho” ella se encarga de compartir conmigo ilustradoras que piensa pueden gustarme. Y…hasta el momento no ha fallado nunca.

En esta oportunidad, la serie Little Birds de la londinense Kate Wilson  no sólo me pareció encantadora sino que, además, la ilustración que elegí para este espacio  hace honor a la sútil delicadeza del humor inglés.

 

Otra de Lucero!!!

Como ya anticipé, en una entrada anterior, Lucero nunca pierde tiempo a la hora de jugar, esto es, si tiene que esperar su turno no duda un segundo en pedirme algo del armario donde guardo el material que sabe es para ese propósito y yo muy contenta porque sé que sólo le bastan 5 minutos para crear una escena, inventar una historia que luego servirá de material lingüístico para su sesión.

Si bien es mi costumbre mantener siempre cerrada la puerta de este mueble, una tarde…me descuidé y al entrar Lucero al consultorio y ver el placard abierto, más rápido que un rayo se avalanzó hacia la caja de “mil ladrillos” que, dicho sea de paso, sobrevivió a la infancia de mis dos hijos varones. En apenas unos minutos Lucero construyó lo que sería el “primer robot” de la serie “robots cancheros” como los bautizó Francisco.

Como corresponde a una obra artística, lo ubiqué en la biblioteca y grande fue mi sorpresa cuando el resto de los varones que asisten al consultorio  fue lo primero que detectaron  al mismo tiempo que  preguntaban: “¿quién hizo este robot?”.

El primero  en descubrirlo fue Francisco quien, además, me pidió si podía copiarlo…al terminar su propio robot lo bautizó “el robot canchero”…dos robots, en exhibición.

Al día siguiente llega Gerónimo y repite la observación, la pregunta y el pedido. Le entrego la caja con los ladrillitos, con mucho esmero copia del modelo, sólo que al querer acomodar su robot al lado de los otros dos, éste se le cae y  se le desarma. Como a Gerónimo le cuesta desde lo perceptivo motor resolver este problema le propongo volver a reproducir el robot de Lucero y, a continuación, realizar un croquis a modo de modelo para que, en caso de que vuelva a desarmársele, pueda construirlo nuevamente siguiendo los pasos como instrucciones. Luego de terminar su versión,  busco una hoja cuadriculada y dibujamos y pintamos contando los cuadraditos según la cantidad y el color de ladrillitos que necesitamos para el cuerpo, la cabeza, las extremidades. Gero me pide llevar su robot y las instrucciones de armado a su casa.

En la siguiente sesión, me comenta, muy contento, que en el auto se le desarmó pero cuando llegó lo pudo volver a armar con ayuda de las instrucciones.

En tanto Julián y Santiago prefirieron hacer sus propios robots, con lo cual a la semana siguiente los autores de las imitaciones también quisieron imprimirle su sello personal. De copia y reproducción a creación…qué tal?

Como suele suceder, por lo general,  “el hilo se corta por lo más fino”. En este caso, se terminaron los ladrillitos!!!  Lo que sí la experiencia resultó de lo más efectiva en cada uno de los casos.

Como verán, los robots terminaron desplazando los objetos que tengo en la biblioteca con excepción de la fotografía de Vera, mi nieta. Desde ahora, Vera  está custodiada por “robots cancheros”…y todo a partir de una idea de Lucero…a esta altura del año…todo me sale con rima…vicio profesional que le dicen….