Lewis Carroll (1867). Carta a Annie Rogers

“En las cartas a las niñas el genio de Lewis Carroll alcanza un esplendor diáfano, distinto, no estremecido por las inquietudes que animan otros de sus escritos. Cada carta es un Mundo de Maravillas creado para una sola niña (cuyo nombre raramente importa) y un niño único que se llamaba Charles Lutwidge Dogson y Lewis Carroll” (Stilman, 2012). La selección incluida en este espacio “refleja la gracia irresistible, la infinita amabilidad, la refinada pasión de un adulto que proporcionaba a sus amigas-niñas una independencia de criterio que nunca antes habían podido desarrollar” (Ibid. 2012).

Mmmmm, se me ocurre que quienes lean esta primera carta quedaran con ganas de una segunda, una tercera y más…y más… Les aseguro que para mí transcribirlas es doblemente placentero así es que…he decidido publicarlas dejando un breve espacio de tiempo…está bueno esto de recibir, por sorpresa, semejante correspondencia…no?

Y…se va la primera!!!

A ANNIE ROGERS

[1867]

            Esto es verdaderamente terrible. No tienes idea de lo apenado que me siento al escribirte. Tengo que usar un paraguas para evitar que las lágrimas caigan sobre el papel. ¿Qué viniste ayer para que te fotografiara?¿Y qué te enojaste mucho…? ¿…por qué yo no estaba allí? Bien, lo que ocurrió fue esto: salí de paseo con Bibkins, mi querido amigo Bibkins…nos fuimos a muchos kilómetros de Oxford, cincuenta, cien digamos. Atravesábamos un campo lleno de ovejas, cuando un pensamiento cruzó mi mente, y solemnemente le pregunté: “Dobkins, ¿qué hora es?”. “Las tres”, dijo Fipkins, sorprendido por mi comportamiento. Las lágrimas corrieron por mis mejillas. “Esta es la HORA”, dije. “Dígame, dígame, Hopkins, ¿qué día es hoy?” “Lunes, desde luego”, dijo Lupkins. “¡Entonces este es el DÍA!”, gemí. Lloré. Chillé. Las ovejas se apiñaron a mi alrededor, y frotaron sus afectuosas narices contra la mía. “¡Mopkins!”, le dije: “¡Usted es mi más viejo amigo! ¡No me engañe. Nipkins! ¡¿En qué año estamos?!” “Bueno, creo que en 1867”, dijo Pipkins. “¡Entonces este es el AÑO!”, chillé, tan fuerte que Tapkins se desmayó. Ahí terminó todo: me trajeron a casa en una carreta, hecho varios pedazos, cuidado por el fiel Wopkins.

Cuando me haya recobrado un poco de la conmoción, y haya pasado unos pocos meses a orillas del mar, te visitaré y convendremos otro día para que te fotografíe. Estoy demasiado débil para escaribir esta carta yo mismo, así que Zupkins la escribe por mí.

Tu miserable amigo,

Lewis Carroll

 

Charles Lutwidge Dogson/Lewis Carroll, un fabuloso entretenedor!!

 

Lewis Carroll, seudónimo de Charles Lutwidge Dogson (Daresbury, Cheshire, 1832- Guildford, 1898), matemático pedante y literato brillante, es sin duda, uno de los mejores humoristas anglosajones.

La obra de Carroll –dice Borges en el prólogo del libro Los libros de ALICIA. La caza del Snark. Cartas. Fotografías “no es menos deleitable y hospitalaria que Las mil y una noches, y es asimismo una trama de paradojas de orden lógico y metafísico. (…) A primera vista o en el recuerdo, las aventuras parecen arbitrarias y casi irresponsables: luego comprobamos que encierran el secreto del rigor del ajedrez y la baraja, que asimismo son aventuras de imaginación”.

En mi caso, fue encantadora la sorpresa de leer las cartas dirigidas a las niñas que formaron su círculo de amistad; los textos constituyen un delicioso “mundo de las maravillas” pero…al leer la carta que su papá le escribió a Charles cuando éste tenía 8 años pensé…he aquí la punta del ovillo… Gracias Rocío por haberme pasado el dato de este libro!!!

Inauguro con este escrito inicial el espacio dedicado a Carroll, en éste publicaré una selección de las cartas que, a mi gusto, me parecen ingeniosas y ocurrentes, sobre todo teniendo en cuenta el contexto victoriano de la época… sin lugar a dudas…un GENIO!!!

CARTA DEL ARCHIDIACONO CHARLES DOGSON A SU HIJO CHARLES LUTWIDGE DOGSON

Ripon

6 de enero de 1840

 

Mi queridísimo Charles:

                Siento muchísimo no haber tenido tiempo de contestar antes tu linda notita. No imaginas lo contento que me sentí al recibir algo escrito por ti, y puedes estar seguro de que no olvidaré tu encargo. Apenas llegue a Leeds, vociferaré en medio de la calle: ¡Ferreteros! ¡Ferreteros! Seiscientos hombres se arrojarán de sus tiendas  al instante –corriendo, corriendo en todas direcciones-, tocarán las campanas, llamarán a los guardias, pondrán en llamas la ciudad. ORDENARÉ una lima y un destornillador, y un anillo, y si no me lo traen inmediatamente, en cuarenta segundos, no dejaré nada vivo, salvo un gatito, en toda la ciudad de Leeds, y al gatito sólo lo dejaré vivo porque temo que no tendré tiempo de matarlo. ¡Qué griterío y arrancarse los pelos habrá entonces! Cerdos y bebés, camellos y mariposas, rodando juntos por la zanja- ancianas precipitándose chimeneas arriba, y las vacas tras ellas-, patos ocultándose en tazas de café, y gordos gansos tratando de apretujarse en cajas de lápices. Por último, el alcalde de Leeds se lo encontrará en un plato hondo, cubierto de natillas, guarnecido de almendras, tratando de que lo confundan con un bizcochuelo para escapar de la espantosa destrucción de la Ciudad. ¿Y su esposa? ¿Dónde está su esposa? A salvo en su propio alfiletero, tapada con un pedacito de tafetán para ocultar su joroba, y todos sus preciosos hijitos, setenta y ocho pobres criaturitas desvalidas atragantadas en su boca, escondiéndose tras su doble dentadura. Entonces aparece un hombre oculto en una tetera, gritando y bramando: “¡Ay, perdí mi burro. Lo guardé en la ventana de la nariz y se fue por el pico de la tetera al dedal de una anciana, y ella lo estrujará hasta matarlo cuando se ponga el dedal!”

                Por fin traen las cosas que ordené, y entonces perdono a la Ciudad, y envío en cincuenta carretones, y bajo la protección de diez mil soldados, una lima y un destornillador y un anillo como regalo a Charles Lutwidge Dogson, de

Su afectuoso Papá

 

Carroll, Lewis (2012). Los libros de ALICIA. La caza del Snark.Cartas. Fotografías. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

 

“¿Cómo es?” según Lucero y Ciro (2013)

De repente Lucero y Ciro muestran interés por la lectura…en ambos casos, la mayoría de sus compañeros de Segundo y Primer Grado, respectivamente, ya están alfabetizados. “Esa letra no puedo” -en referencia a la imprenta minúscula-; “eso es aburrido” -en el caso de un texto largo- son algunos de los argumentos que defienden cuando anticipan que no van a poder. Y…la mayoría de las veces tienen razón, aprender a leer es trabajoso «¿quién dijo que leer es fácil? ¿Quién dijo que leer es contentura siempre y no riesgo y esfuerzo? Precisamente, porque no es fácil, es que convertirse en lector resulta una  conquista. Precisamente, porque no es fácil, es que no es posible convertirse en lector sin la “codicia del texto”» (Montes, 2001, p.84).

En este punto, como Terapeutas del lenguaje, tenemos la obligación de “provocar la codicia del texto. Sabemos que  sólo ella justifica el esfuerzo. Que leer vale la pena para develar el secreto” (Ibídem, p.84).

Lucero asiste al consultorio en el turno anterior al de Ciro. Ciro suele llegar unos minutos antes de su horario, aprovecho, entonces,  este breve tiempo para enlazar el final de una sesión con el comienzo de la otra con una actividad que resulte eficaz, además de entretenida.

Lucero muestra agrado  de que Ciro se enganche con él  en una tarea que, como a él, le cuesta. A Ciro le gusta compartir con Lucero una tarea que, como a él, le cuesta.

Teniendo en cuenta que Lucero se apoya mucho en los indicios que las ilustraciones que completan un texto sugieren -situación que lo lleva a interpretar lo que la imagen connota y adivinar lo que pueden decir las palabras- le propongo, esta vez, leer uno sin imagen y mi intuición de ofrecer la lectura de una poesía del libro “La vaca ventilador y otros poemas para volar” de Graciela Repún y Enrique Melantoni, es acertada. La poesía elegida resultó una estrategia de intervención de lo más motivadora y eficaz. Tan entusiasmados estuvieron que los 5 minutos se transformaron en 15….”la codicia del texto” funcionó y el secreto del texto se reveló…qué bueno me salió con rima!!

Lucero disfruta de leer cada verso, le gusta que las palabras rimen, disfruta de la sonoridad  y del sentido que expresan. Luego de finalizada la lectura, le propongo volver a leer cada verso para dibujar lo que el texto describe justo en el momento en que toca el portero Ciro. Lucero se pone, como siempre, muy contento de que llegue “su amigo” y aprovecho entonces a que sea Ciro quien lea cada uno de los versos a modo de pasos que Lucero tiene que seguir para completar el dibujo. Al terminar la poesía, ambos se sorprenden de cómo quedó la ilustración.

A continuación la transcripción de la poesía ¿Cómo soy? y seguido la versión ilustrada por Lucero.

MI ABUELO TIENE TRES PIES,

Y MI TÍO CUATRO BRAZOS,

MI HERMANITA CINCO OREJAS

Y MI MAMÁ DOS OJAZOS.

 

MI PRIMA TIENE DOS LENGUAS,

MI ABUELA CAPARAZÓN,

MI PAPÁ MILES DE DIENTES

Y MI PRIMO ES LOBISÓN.

 

YO TENGO UN POCO DE TODOS

Y A TODOS YO ME PAREZCO.

¿NO ES CIERTO QUE SOY MUY LINDO?

¡SON COSAS DEL PARENTESCO!

Como bien plantea la escritora María Cristina Ramos (2013) “la poesía nos llega como una danza con que las palabras nos envuelven y nos sueltan en un territorio sembrado de impredecibles. Coreografía inesperada en que lo cotidiano se viste de inesperada luz. Voz de la poesía que suena a espaldas de nuestra sangre y roza el inicio de la sonrisa, la instantánea revelación, el fugaz deslumbramiento (…) frecuentar la poesía, sus juegos rítmicos, su síntesis metafórica, su mirada del mundo, la música de sus esencias, con la finalidad balsámica del ensalmo, de la palabra que cura, que nos recupera de asperezas cotidianas en un instante luminoso de juego y creación, de libertad sonora y conceptual, para quitarnos el ancla de lo pesaroso y devolvernos la alegría, la ligereza de los primeros vuelos, el asombro, el suspiro necesario para seguir”.

 

Montes, G. (2001). La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético. México: Fondo de Cultura Económica.

Ramos, M. C. (20013). Razones para la sinrazón de la poesía. La función social de la lectura. Recuperado de: www.jitanjáfora.org.ar

Repún, G. y Melantoni, E. (2008). La vaca ventilador y otros poemas para volar. Buenos Aires: Atlántida.