La escritora santafecina Liliana Bodoc (2011) opina sobre la importancia de la ficción para niños.

Algunas de las preguntas que Javier Rebanal le realizó a la escritora Liliana Bodoc dieron lugar a respuestas muy interesantes que invitan a reflexionar. En Imaginaria N° 306 se puede acceder a la entrevista completa.

(…) – “La ficción es el género que más has cultivado. Para tí tiene un potencial extraordinario ¿por qué lo utilizás?

Creo que a la ficción no se le puede pedir todo. A veces se le pide que cambie el mundo, y me parece que es mucho para sus pobres espaldas. Pero sí creo que se le puede pedir mucho más. Se le puede pedir mucho más en la educación, se le puede pedir mucho más en el socorro, en el amparo de niños problemáticos, desde chicos con problemas psicológicos hasta chicos con problemas de salud, sel puede pedir mucho más en las familias; se le puede pedir mucho más en la historia individual de cada uno de nosotros. Porque a mí me parece que la ficción nos foguea en la emoción. Nos pone fuerte el ánimo. Nos pone fuerte la templanza, la imaginación, nos abre ventanas, nos hace ver cosas que de otra manera no veríamos jamás. Nos hace entender cosas que de otra manera no entenderíamos jamás. y me parece que es muy poquito lo que se le pide en contra de lo muchísimo más que nos puede ofrecer, como individuos y como sociedades.

– ¿Y qué se puede pedir a la ficción para niños?

– A la ficción para niños se le puede pdir que los apasione. Se le puede pedir que baje el dedito admonitorio de lo que se debe y lo que no se debe. Se le puede pedir que los maraville, que los deslumbre, que los asuste, que los haga reír, que los conmueva. y se le puede pedir, básicamente, que les permita entrar en crisis. Una crisis acorde con su realidad, con sus fuerzas, con su musculatura, pero al fin, crisis. Y obviamente, transformación.

Una frase tuya es “Hay que reconstruir las palabras”¿Puedes explicar un poco esta idea, sobre todo para el mundo infantil?

-A mi me parece que los adultos, y especialmente los docentes, tenemos que volver a pensar en las palabras como fundantes de la condición humana. Hay que volver a apasionarse con las palabras; las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. Creo que nos estamos olvidando de que en realidad estamos hechos de eso, en gran medida. Y me parece que a veces uno habla de la literatura sin pensar que el paso previo, indispensable, es volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.

– Otro pensamiento tuyo: “Los niños y los jóvenes necesitan literatura”.

-¡Claro! Al niño hay que hacerlo tomar contacto con la palabra literaria, con la lectura literaria, que nada tiene que ver con la lectura utilitaria. A mí no me gusta que digan “Bueno, que lea alguna cosa, total por lo menos lee”. Me parece que no tiene nada que ver. La decodificación mecánica del código lingüístico la tenemos relativamente asegurada. Pero hay una lectura literaria que tiene que ver básicamente con desmontar barreras de sentido, con atravesar la denotación y llegar a lo profundo de la connotación que -me parece- a los niños les hace mucha falta y que es una cosa que hay que apuntalar más en la educación”.

Y las/os interesadas/os en la clinica del lenguaje con niños….cómo andamos?

 

Una de gauchos

Los Cuentos breves y extraordinarios compilados por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares conforman una antología excelente y singular. Se trata de textos muy variados, de distintas épocas y lugares, incluso algunos de improbable existencia. Encontré este cuento que para quienes estamos interesadas/os en el lenguaje nos viene a cuento. Que lo disfruten.

 Polemistas (Luis Antuñano, Olavarría, 1911)

Varios gauchos en la pulpería conversan sobre tema de escritura y de fonética. El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que la palabra trara (trípode de hierro para la pava del mate) no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito.

– Pago la copa para todos -le dice el santiagueño-si escribe trara.

– Se la juego -contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra.

De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo  y sentencia:

– Clarito, trara.