Para seguir pensando acerca de la infancia…

“La infancia es siempre un tiempo en tránsito y, como tal, dura poco; etapa de crecimiento, de desarrollo, de estructuración, de formación en muy diversos aspectos, la consideraremos aquí en particular como la temporalidad en la que el sujeto ejerce la imaginación creadora de lo infantil. Sabemos que, en un primer momento, en la primera infancia, este universo de representaciones depende de los Otros primordiales, que colocan en escena su propio mundo infantil, para que el niño, en otro tiempo -segundo con respecto al primero-pueda crear su propio universo” (Levín, 2007: 40).

Levín, E. (2007). ¿Hacia una infancia virtual? La imagen corporal sin cuerpo. Buenos Aires: Nueva Visión.

Encontré otra joyita..

Por si quedan dudas sobre el efecto de la lectura de cuentos, los invito a compartir este hermoso corto. Creo que combina perfecto con “El paisaje de los cuentos” (Savater, 2003).

¡Qué bueno ya se empiezan a articular textos y animaciones!!

Henri Wallon (1879-1962),”Psicólogo milintante”

Así define Antonio Caparrós (1965) a este grande de la Psicología Contemporánea en su Prólogo a la Segunda Edición de Del acto al pensamiento. Según sus palabras:

“(…) él sabía que en todo terreno, no sólo en el de lo científicamente más elevado, la práxis lúcida era el instrumento princeps. No puede extrañarnos, pues, uno de sus más extraordinarias realizaciones, aunque tal vez no sea de las más conocidas: sus grupos de “enseñar a pensar”. Con frecuencia, en nuestro tiempo, se intenta que el individuo “aleje de sí esa nefasta costumbre de pensar”, para alienarse en la aceptación crítica y dócil (…) Wallon comprendió que un hombre podría ser artífice de un mundo nuevo, sólo cuando fuera, dentro de sus límites un realizador-crítico, un creador de su práctica” (Caparrós, 1965:9).

Para quienes comienzan a transitar el camino de la clínica en niños, está bueno saber que: no hay certezas, sí interrogantes, dudas;  no hay recetas, sí formación académica contínua para pensar la intervención terapéutica que cada niño necesita; un niño no es una sigla (ADD, TGD, TEA, TEL, PC, entre otras) es un niño en pleno proceso de estructuración subjetiva, más allá de las dificultades que presenta; un niño sufre en el sufrimiento, desazón, incertidumbre, angustia de sus padres y hermanos; no debemos olvidar, nunca,  la ética profesional.

Parafraseando a Antonio Machado “se hace camino al andar”… y, en este proceso,  la lectura de autores originales es muy orientadora, un excelente ejercicio, sobre todo porque uno necesita leerlos más de una vez para continuar sorprendiéndonos con lo grandioso de sus obras. Henri Wallon es uno de estos grandes. La lectura de sus libros nos conduce a otros de igual talla. Buscar la punta de un buen ovillo….de eso se trata.

Wallon, H. (1965). Del acto al pensamiento. Buenos Aires: Ed. Lautaro.

Fernando Savater (2003) “El paisaje de los cuentos”

“Por los cuentos y con los cuentos viaja nuestra alma, y también se arriesga, se compromete, se regenera. El niño o el adolescente que se entregan al embrujo de la narración están desafiando en su ánimo lo inexorable y abriéndose a las promesas de lo posible. De ese insustituible aprendizaje del valor y la generosidad por vía fantástica depende en buena medida el posterior temple de su espíritu la opción que determinará sus vidas hacia la servidumbre resignada o hacia la enérgica libertad” (Savater, 2003:108).

No es ninguna novedad que el placer por la lectura se construye poco a poco, como cualquier hábito. Experiencias y estudios desarrollados en esta área de conocimiento han demostrado la incidencia que la práctica realizada durante los primeros años tiene en el posterior desarrrollo escolar del niño (Borzone de Manrique, 1995; Muth, 1990).

Un buen cuento resulta un excelente dispositivo de intervención en la clínica del lenguaje en niños. Eso sí, coincidiendo con la Lic. en Letras Carola Hermida(2008) “elegir un texto, disfrutarlo y querer compartirlo es tal vez el primer paso”. Es necesario, entonces, leer el texto cuidadosamente elegido; abrir un espacio para un intercambio que no tenga como propósidto corroborar “la comprensión literal del texto” ni exigir la re-narración de lo que se acaba de escuchar. En este sentido, de lo que se trata es de leer; de compartir opiniones e interpretaciones; de establecer relaciones; de atribuir pensamientos, deseos, intenciones, creencias a los personajes que intervienen en el relato para que el momento de la lectura sea un acto placentero.

Sugiero algunos títulos que en conjunto con los niños en atención hemos disfrutado no sólo  por el contenido sino, además, por las ilustraciones:

  • Smania, E.; Cis, V. (2004). ¡Ay, Renata! Buenos Aires: Sudamericana.
  • Hilb, N. (1998). Gastón Ratón y Gastoncito en el Mar de las Sorpresas. Buenos Aires: Colección Fuelle.
  • Pescetti, L.M.; O´Kif. (2006). Caperucita Roja (tal como se la contaron a Jorge). Buenos Aires: Alfaguara.
  • Roldan, G. (1997). Una flor en el sombrero. Buenos Aires: AZ.

Y…si llegara a quedar alguna duda acerca del valor de los cuentos la cita de Emilia Ferreiro que presento a continuación me parece la mejor respuesta.

“Hay niños que ingresan a la lengua escrita a través de la magia (una magia cognitivamente desafiante) y niños que entran a la lengua escrita a través de un entrenamiento consistente en “habilidades básicas”. En general, los primeros se convierten en lectores; los otros tienen un destino incierto”.

Espero que disfruten de los títulos sugeridos y, si es así, espero, además, comentarios acerca de la experiencia de poner en acción esta estrategia de intervención.

Savater, F. (2003). Sobre vivir. Barcelona: Ariel.