El humor de Manuel

Es innegable que Gaturro, el personaje de Nik, ha despertado, por suerte, el interes de muchos niños por el humor gráfico.  Tomando palabras  de  Rodari (2008) “Habiendo cumplido su deber de consumidores, deberían ser puestos en condiciones de actuar como creadores”.

En este sentido, inventar y dibujar una historieta es un ejercicio muy útil que comporta la invención de una historia, su desarrollo y organización de las viñetas, la invención de diálogos, la caracterización física y moral de los personajes, entre otros muchos aspectos. “Cosas que los niños, a veces, cuando son inteligentes, se divierten haciendo solos. Mientras que en la escuela sólo sacan cuatro en lengua” (Ibid.:89). Tal es el caso de Manuel (7;6 años) que a pesar de presentar omisiones, sustituciones, falta de segmentación en su escritura disfrutaba tanto de leer a Gaturro y la historia de los dinosaurios que creó su propio personaje y sus propias historietas, por cierto muy ocurrentes.

Acá va la tapa de presentación de sus viñetas y uno de sus chistes. En el primer caso, muy astuto, se fijó como el autor de Macanudo (Liniers) había colocado su nombre en la portada del libro. En el segundo, transformó un chiste de Nik en el que Gaturro hace saber al lector su gusto por las manzanas…Bravo Manuel!!!

Por si no alcanzan a leer los globitos paso a transcribir el texto del autor: “ay animales que son inseptivoros”; “ai algunos carnivoros”; “ay tamvien mansanivoros”.

He dejado de ver a Manuel, ojalá siga creando sus historietas!!!

Rodari, G. (2008). Gramática de la fantasía. Buenos Aires: Colihue

 

Me lo reenvio una amiga, vale la pena detenerse a leerlo.

No estoy segura de que todos los escritos que circulan en la red sean realmente de los autores que figuran al final del texto. De todas maneras está muy bueno, sea de Dolina o de un anónimo que aprovecha  su nombre para que el lector se interese por el contenido del mismo.

Tomo como presentación el enunciado de mi amiga Alicia “ojalá lo hubiera sabido antes….pero siempre hay tiempo”.

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE

Por Alejandro Dolina

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y  establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “….haga el bachillerato en  6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos…..”

Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.

  ¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.

   A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.

Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!

El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender” reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:  Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.

Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.
“Aprenda a vivir durante toda la vida”.
“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje”.

ALEJANDRO DOLINA

El “jugar” como “práctica significante” (Winnicott, 1979)

Destaco la importancia de decir jugar y no juego, siguiendo la propuesta de Winnicott (1979), quien acentúa el carácter de “práctica significante” para la función de jugar, en tanto que juego remite al producto de cierta actividad, con determinados contenidos.

A soltar la imaginación y… a jugar a pensar junto con el niño que llega a la consulta por deglución atípica, respiración bucal, dislalias  y demás, cómo podríamos dibujar su boca, labios, lengua. Van algunos ejemplos de niños en atención que figuran en Bereciartua, G. (2001). La representación como estrategia de intervención terapéutica infantil. Una experiencia clínica en trastornos miofuncionales. En Avances en Fonoaudiología, Año IV, Tomo VI, 4-8.

La lengua de Brenda

Brenda decidió dibujar su lengua muy contenta en una hamaca porque, según su opinión, es muy inquieta.

La lengua de Mariela

Mariela, quiso que dibujara su lengua bailando en un gimnasio con barra “porque es muy inquieta y le gusta bailar rock y hacer gimnasia con barra”

La lengua de Abi

Para Abi, su lengua como tiene mucha fuerza, la dibujamos con músculos en los brazos, porque “le gusta molestar a los dientes, empujarlos, escaparse por los agujeros de los dientes que se cayeron, también molestar a los dientes que van saliendo”. Pero, además, la dibujamos en la cama, muy cómoda mirando T.V. y tomando un jugo, porque “cuando está quieta, le gusta estar muy cómoda en el piso de la boca.

La lengua de Natalia

Natalia, me comenta que su lengua se quiere escapar y los dientes no la dejan, por lo que se nos ocurre dibujar sus dientes muy enojados reclamándoles a la lengua que por culpa de ella tienen que ir a la ortodoncita y a la fonouadióloga.

Los Juanitos de Berni

“Hace mucho tiempo, en una de mis caminatas de solitario observador, llegué a una de esas tristes barriadas de los suburbios de Buenos Aires. Así me encontré en medio de una villa miseria, que esa tarde, quizá por un estado anímico especial, me impresionó más profundamente que otras. Volví a casa y empecé a dibujar. Cuando quise llevar mis apuntes a la tela, me di cuenta de que ni los óleos, ni la témpera, me alcanzaban. No me satisfacían para expresar ese hiperrrealismo que me interesaba tratar. Fue así como descubrí que en los baldíos, en las calles pobres, estaba diseminado, como un decorado patético, todo el material que componía ese mundo. Allí estaban aquellos pedazos de lata herrumbrada, cajones de madera rotos, escobas viejas, chapas alquitranadas…Antes de elegir esos materiales, los sentí, testimonios mudos y aparentemente sin importancia de una terrible realidad. Incorporándolos a las telas, conseguí darle a mi pintura el realismo incisivo que yo me proponía dar, que necesitaba expresar”. (Berni, 1999).

Con estas palabras expresaba Antonio Bernie (1999), en una entrevista, cómo surgió el personaje de Juanito Laguna. En lo particular, Juanito me conmueve profundamente. De todas sus obras elijo para compartir en este espacio “Juanito dormido” (Berni, 1973) por ser, desde mi punto de vista, la que posibilita abrir interrogantes, al menos, en este caso, acerca de los sueños de los tantos Juanitos que habitan las ciudades de Latinoamérica.

Berni, A. (1999). Entrevistas. En Marcelo Pacheco (Editor) Berni, escritos y papeles privados. Chile: Temas Grupo Editorial.

“No te hablo más…”

Martín Heidegger (1987) en su libro De camino al habla plantea que “la capacidad de hablar no es sólo una de las facultades del hombre, de idéntico rango que las demás. La capacidad de hablar constituye el rasgo esencial del hombre. Este rasgo distintivo contiene el rasgo esencial del hombre. Este rasgo distintivo contiene el esquema de su esencia. El hombre no sería hombre si le fuera negado el hablar incesantemente, desde todas partes y hacia cada cosa, en múltiples avatares y la mayor parte del tiempo sin que sea expresado en términos de un “es” (es ist). En la medida en que el habla le concede esto, el ser del hombre reside en el habla” (:217).

Locuciones del tipo “no te hablo más” resultan un buen ejemplo. Juana Levín (2005) expresa que esta verbalización “lleva en sí la cualidad de vida, de existencia, que tiene un cuerpo por el solo hecho de emitir sonido-voz (…) La voz que dice, ante todo representa al que dice, crea un espacio con un otro que escucha” (:44.45).

Comparto una anécdota por demás de elocuente que tiene como protagonista a mi sobrina Ana cuando tenía 11 años. En ese momento era mi costumbre mantener contacto a través del correo electrónico con su hermana Inés, por entonces de 14 años.  Un día al chequear los mails me sorprendo al recibir un correo de Ana cuyo asunto destacaba “mala”. Transcribo fielmente el contenido del mismo por resultar un gracioso ejemplo de lo expresado al inicio:

“gloria sos re  mala porque en tu vida me mandaste un mail mi siempre se los mandas a inesita y ahora estoy enjada pero no me empieces a mandar mails porque te digo esto ehhh…. cuando valla a rosario no te voy a hablar”.

El “no te voy a hablar” como un “no vas a existir para mí” pareció ser la respuesta más efectiva al enojo que le provocaba el sentir que no la consideraba. Actuar en consecuencia provocó que inmediatamente me movilizara a tratar de reparar mi falta… por supuesto que hubo final feliz!!!